Carta 16 - "Los no lugares"
Un tarde movida; desde detrás del cristal de una cafetería observo a las personas, atentas de todo lo que pasa a su alrededor, sin perder detalle de los paneles informativos, vagando por la terminal en busca de información. Hay gente que duerme en el suelo con una mochila a la espalda, los bancos abarrotados de gente leyendo, hablando por telefóno o, simplemente esperando.
Hay gente que viaja, gente que espera a alguien... se suceden las despedidas y los encuentros, los abrazos y achuchones sobre un suelo de mármol inerte.
Éste es un sitio de cambio, un punto de inflexión entre dos lugares... en realidad, éste sitio no significa nada... es un mal necesario; la temporalidad aquí se torna en su lado más exponencial dejándo en efímero el mobiliario, el personal, las máquinas expendedoras... todo. Nada es de verdad aquí. Lo práctico, el diseño, la funcionalidad, los servicios... todo se diluye dentro del viaje de cada persona que acude aquí... nada tiene importancia porqué aquí el tiempo es tan importante que permanece ante todas las cosas.
Ya he acabado mi almuerzo, aún me quedan dos horas para partir, levanto la vista y vuelvo a ver aquellas dos chicas apoyadas sobre las que parecen sus maletas como buscando algo. Una de ellas abre una mochila naranja que lleva al hombro saca las gafas para examinar lo que parecen unos billetes, parecen impacientes. Mientras tanto, recojo mi maleta y decido dar una vuelta para observar la gente a mi alrededor, todos parece saber donde van y, apostaría que, metafóricamente, que pocos realmente lo saben. Se me ocurre mirar al techo, sin ornamentos, algo meramente funcional, un simple falso techo de escayola con una iluminación sencilla a base de tubos de neón, hay uno parpadeando, pero dudo que a nadie le importe.
Me siento en un lugar inerte, carece de cualquier calor, de cualquier ornamento para la distracción, todo aqui es de paso, todo está en sus sitio porqué es necesario. Las dos chicas miran al panel informativo, parecen duditativas, quizás sean extrangeras, para ellas como para el resto de nosotros, este es el punto de escapada hacia otro sitio.
Busco entre todas las miradas alguien que, como yo se dedique a observar el conjunto, a ver a las personas, y , avariciosamente guardo con recelo la posibilidad que sea el único que esté pensando en ello, me siento con una visión de conjunto.
Pasa el tiempo volando, sin hacer nada en concreto sin lugar ni mirar el tiempo dan el aviso... llegó la hora, me despido de ninguna parte, de un sitio atemporal entre los espacios que elegimos.
Hay gente que viaja, gente que espera a alguien... se suceden las despedidas y los encuentros, los abrazos y achuchones sobre un suelo de mármol inerte.
Éste es un sitio de cambio, un punto de inflexión entre dos lugares... en realidad, éste sitio no significa nada... es un mal necesario; la temporalidad aquí se torna en su lado más exponencial dejándo en efímero el mobiliario, el personal, las máquinas expendedoras... todo. Nada es de verdad aquí. Lo práctico, el diseño, la funcionalidad, los servicios... todo se diluye dentro del viaje de cada persona que acude aquí... nada tiene importancia porqué aquí el tiempo es tan importante que permanece ante todas las cosas.
Ya he acabado mi almuerzo, aún me quedan dos horas para partir, levanto la vista y vuelvo a ver aquellas dos chicas apoyadas sobre las que parecen sus maletas como buscando algo. Una de ellas abre una mochila naranja que lleva al hombro saca las gafas para examinar lo que parecen unos billetes, parecen impacientes. Mientras tanto, recojo mi maleta y decido dar una vuelta para observar la gente a mi alrededor, todos parece saber donde van y, apostaría que, metafóricamente, que pocos realmente lo saben. Se me ocurre mirar al techo, sin ornamentos, algo meramente funcional, un simple falso techo de escayola con una iluminación sencilla a base de tubos de neón, hay uno parpadeando, pero dudo que a nadie le importe.
Me siento en un lugar inerte, carece de cualquier calor, de cualquier ornamento para la distracción, todo aqui es de paso, todo está en sus sitio porqué es necesario. Las dos chicas miran al panel informativo, parecen duditativas, quizás sean extrangeras, para ellas como para el resto de nosotros, este es el punto de escapada hacia otro sitio.
Busco entre todas las miradas alguien que, como yo se dedique a observar el conjunto, a ver a las personas, y , avariciosamente guardo con recelo la posibilidad que sea el único que esté pensando en ello, me siento con una visión de conjunto.
Pasa el tiempo volando, sin hacer nada en concreto sin lugar ni mirar el tiempo dan el aviso... llegó la hora, me despido de ninguna parte, de un sitio atemporal entre los espacios que elegimos.
