Carta 2 - "Aquel fatídico dia"
Me levanté y volví a notar aquel olor ácido a nervios en el cuarto de baño...
Era un sábado por la mañana y la casa tenia otro color.
Algo hacía que estuviera inquieto y nervioso, un presentimiento opaco nublaba mi espíritu, y algo en mí moría cada instante.
Llegó inundada en lágrimas cruzó la puerta que ya no sentia como suya, dos palabras: te bastaron dos palabras para demontar mi pequeño mundo.
Un momento fatídico, una ecuación de números compuesta de miles lágrimas, dos palabras, y una habitación llena de dolor.
Obscurecí, razoné, me exasperé, me desmoroné, mi desesperación llegó al límite de la razón cuando ya ni ésta tenía sentido.
Dos palabras para dejarme vacio, marioneta del momento guiado por la irrealidad del minuto.
Desorientado, como la inspiración de Joaquin Sabina, pero sin fuerzas para la metáfora.
Ya no me acuerdo de nada más, eran dos palabras, en un contexto irrefrenablemente doloroso y alejado de nosotros, con un significado propio y un sabor ajeno.
Quiero dejarlo
Era un sábado por la mañana y la casa tenia otro color.
Algo hacía que estuviera inquieto y nervioso, un presentimiento opaco nublaba mi espíritu, y algo en mí moría cada instante.
Llegó inundada en lágrimas cruzó la puerta que ya no sentia como suya, dos palabras: te bastaron dos palabras para demontar mi pequeño mundo.
Un momento fatídico, una ecuación de números compuesta de miles lágrimas, dos palabras, y una habitación llena de dolor.
Obscurecí, razoné, me exasperé, me desmoroné, mi desesperación llegó al límite de la razón cuando ya ni ésta tenía sentido.
Dos palabras para dejarme vacio, marioneta del momento guiado por la irrealidad del minuto.
Desorientado, como la inspiración de Joaquin Sabina, pero sin fuerzas para la metáfora.
Ya no me acuerdo de nada más, eran dos palabras, en un contexto irrefrenablemente doloroso y alejado de nosotros, con un significado propio y un sabor ajeno.
Quiero dejarlo

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